A nadie le gusta perder. Como planteé en La Búsqueda Suprema, primera parte (El Origen de los Errores), somos Cazadores de Grandeza. Todos queremos alcanzar lo sublime y tener mucho éxito. Sin embargo, esto es posible de lograr en muchísimos ámbitos distintos. Cualquier actividad humana, de cualquier índole, tiene el potencial de ser escalado, siempre en busca de los niveles superiores, para conquistar éxito, riqueza, fama y gloria. Pero en el proceso de escalar, es nuestra cosmovisión la que nos orientará por un camino u otro. El cómo percibimos al mundo y su funcionamiento determinará qué camino tomaremos para crecer. Si nuestra cosmovisión es optimista, seguiremos las reglas; si es fatalista en cambio, las romperemos. Si es flexible, las torceremos, y si es drástica, trataremos de reescribirlas. Algunas de estas conductas son constructivas, pero otras son destructivas. Por eso, en este blog pronto estaré comentando sobre aquellos elementos de una cosmovisión que pueden convertirla en ganadora, o en perdedora. Y esto desde un enfoque de bien común, y no de bien individual. Es así porque toda cosmovisión ganadora debe apuntar al bien común, por tanto que el bien individual descoordinado de su entorno puede provocar desequilibrios que a la postre son funestos. A manera de adelanto, la avaricia, la envidia, el rencor y la soberbia son elementos que, si se cuelan dentro de una cosmovisión, la convierten en perdedora. En cambio, el altruismo sensato, la compasión, la empatía y la equidad son elementos tendientes a una cosmovisión sana y ganadora. Pero estos son ladrillos básicos que rigen la actitud; en un nivel más complejo y elevado de pensamiento están ideologías como el ateísmo, el pensamiento filosófico, el pensamiento científico, la fe religiosa, las propuestas políticas y un gran etcétera. A estas posturas una parte de la humanidad las tiene por ganadoras, mientras que otra parte las tiene por perdedoras, y aun habrá quienes las consideren neutras. ¿Es la ciencia infalible? ¿Es la religión infalible? ¿Es el Estado infalible? ¿Será que lo malo no es la ciencia, ni la religión, ni el Estado, sino la creencia en la infalibilidad? ¿Es la creencia en una infalibilidad un elemento ganador o perdedor dentro de una cosmovisión? Ese es el tipo de preguntas que hemos de plantear y responder. Aquí hemos de hacerle una radiografía a distintas ideologías, con base en los elementos estructurales que las componen, para al final concluir si inclinan la balanza a formar una cosmovisión ganadora o perdedora.